Análisis

La marea conservadora: cómo la derecha está redibujando el mapa político mundial

Sharina Sánchez Mariñez 14 min de lectura

De Milei a Meloni, de Modi a Trump: las victorias de la derecha en los últimos años no son accidentes aislados. Son síntomas de una reconfiguración profunda del orden político global.

En menos de una década, la derecha ha ganado elecciones en Argentina, Italia, India, Hungría, los Países Bajos, El Salvador, y ha regresado al poder en los Estados Unidos. No se trata de una coincidencia ni de una moda pasajera. Es la expresión política de una crisis de legitimidad del orden liberal que lleva años gestándose en silencio.

El mapa de las victorias conservadoras

El fenómeno tiene nombres y fechas concretas. En 2022, Giorgia Meloni se convirtió en la primera ministra de Italia al frente de Fratelli d'Italia, un partido con raíces en el posfascismo italiano. Ese mismo año, Jair Bolsonaro perdió en Brasil, pero su movimiento dejó una huella duradera en la política latinoamericana. En 2023, Javier Milei ganó la presidencia argentina con un discurso de ruptura radical contra el Estado. En 2024, Donald Trump regresó a la Casa Blanca con una mayoría más sólida que en 2016. En los Países Bajos, Geert Wilders obtuvo la victoria más amplia de su carrera. En India, Narendra Modi consolidó su tercer mandato consecutivo.

Cada uno de estos líderes tiene características propias, contextos distintos y agendas que no son idénticas. Pero comparten un conjunto de elementos que los hace reconocibles como parte de un mismo fenómeno global: el rechazo a las élites liberales, la apelación a una identidad nacional amenazada, la desconfianza hacia las instituciones supranacionales y los medios de comunicación tradicionales, y una retórica que coloca al 'pueblo' frente a una 'casta' corrupta.

"La derecha no ha ganado porque haya convencido a la gente de sus ideas. Ha ganado porque supo nombrar el malestar que la izquierda y el centro liberal no supieron o no quisieron reconocer."

Las causas estructurales del giro conservador

Para entender por qué la derecha avanza, hay que mirar más allá de los líderes carismáticos y los algoritmos de las redes sociales. Las causas son estructurales. La globalización produjo ganadores y perdedores. Los ganadores —las clases urbanas educadas, los sectores financieros, las empresas tecnológicas— se beneficiaron de la apertura de mercados y la integración internacional. Los perdedores —trabajadores industriales, comunidades rurales, clases medias en declive— vieron cómo sus empleos desaparecían, sus salarios se estancaban y sus comunidades se vaciaban.

La crisis financiera de 2008 fue el punto de inflexión. Los gobiernos rescataron a los bancos y aplicaron políticas de austeridad que recayeron sobre los sectores más vulnerables. La confianza en las instituciones —parlamentos, partidos, medios, expertos— se desplomó. En ese vacío de legitimidad, la derecha populista ofreció una narrativa simple y poderosa: el problema no eres tú, el problema son ellos.

La cuestión cultural: identidad, migración y valores

Junto a la dimensión económica, hay una dimensión cultural que no puede ignorarse. En muchas sociedades occidentales, las transformaciones aceleradas en materia de género, identidad, migración y valores tradicionales han generado una reacción de sectores que sienten que su mundo —su lengua, su religión, sus costumbres— está siendo desplazado. La derecha ha sabido capitalizar ese sentimiento de pérdida cultural con una eficacia que la izquierda y el centro liberal no han logrado contrarrestar.

La migración ha sido el detonante más visible. En Europa, la crisis migratoria de 2015 fue el combustible que impulsó a partidos como el Frente Nacional en Francia, la AfD en Alemania, el Partido de la Libertad en Austria y Vox en España. En Estados Unidos, la retórica anti-inmigración de Trump resonó en comunidades que percibían la diversidad demográfica como una amenaza a su identidad.

¿Es reversible esta tendencia?

La pregunta que se hacen politólogos, activistas y ciudadanos en todo el mundo es si este giro conservador es una ola pasajera o una reconfiguración duradera del paisaje político. La respuesta honesta es que no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que las condiciones que lo produjeron —desigualdad, desconfianza institucional, malestar cultural— no han desaparecido. Mientras esas condiciones persistan, el terreno seguirá siendo fértil para los movimientos de derecha.

Para América Latina y el Caribe, este fenómeno tiene implicaciones directas. La región no es ajena a la marea conservadora: el bolsonarismo en Brasil, el mileiismo en Argentina, el bukelerismo en El Salvador son expresiones locales de un fenómeno global. Entender sus causas profundas —y no solo sus síntomas superficiales— es la condición para poder responder a él con inteligencia y sin ingenuidad.

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